Rosquillos al estilo de mi madre

rosquillos14La Semana Santa, como casi todas las celebraciones, lleva implícita una variedad de platos y dulces típicos que varían dependiendo del país y de la zona.

En mi casa, o mejor dicho en la de mis padres, las torrijas y los rosquillos (como siempre se han llamado en mi pueblo) son los dulces que se hacían invariablemente, cuando llegaban estas fechas. Porque es una receta tradicional y porque me llena de recuerdos entrañables, no puedo pasar sin incluirla en el blog.

Los que hacía mi madre, seguramente, eran los de muchas casas, pero lo que los hacía especiales era los ricos que le salían y, a pesar de que pueda parecer amor de hija, que lo es, es objetivamente cierto que le quedaban insuperables. Tanto hijos, nietos, yernos y resto de familia, se los alababan. Durante mucho tiempo, los hizo con leche, pero en algún momento, la sustituyó por mosto y en otras ocasiones por mistela y con ello consiguió que le durasen tiernos durante más tiempo. En esta ocasión los míos están hechos con mistela.

Cuando los hacía, yo la observaba, y junto a mis hermanas, ayudábamos haciendo las bolitas y los pasábamos por azúcar y canela una vez fritos. Pero mientras tuve posibilidad de pesar los ingredientes, nunca se me ocurrió hacerlo. Sus medidas, que tengo anotadas de aquella manera, eran, para media docena de huevos, un vaso de aceite, un vaso de leche o mosto, un vaso de azúcar, ralladura de limón y harina… la que admita. Pero las medidas de un vaso pueden variar en función del vaso que utilices, ¿grande o pequeño? y, lo de la harina hoy lo entiendo, pero para quien no tiene mucha experiencia en masas, necesitas al menos una cantidad de referencia para hacerte una idea. Así que las proporciones las he calculado para una cantidad menor de masa y sirviéndome de sus ingredientes como referencia.

¿Como los suyos?, no sé, mis dos catadores oficiales, tienen distintas opiniones, a uno les ha gustado más los míos, y a otro, le sigue pareciendo mejores los de ella, pero desde luego, el solo hecho de que se puedan parecer, me hace sentirme orgullosa. Desde luego, para mí como los rosquillos de mi madre, no los habrá mejores.

Vamos con la receta:

Ingredientes:

3 Huevos

125 gr de aceite suave

125 gr de mistela

125 gr de azúcar

Ralladura de un  limón

600 gr de harina común o de repostería

1 sobre y medio  aproximadamente de levadura química tipo Royal (20 gr.)

3/4 l  de aceite de oliva suave o girasol para freír los rosquillos

Para el rebozado:

100 gr de azúcar blanquilla

1 cucharada colmada de canela molida

Elaboración:

Poner el aceite en un cazo junto con una trozo de cáscara de limón. Calentar hasta que empiece a humear y apagar. Retirar la cáscara y dejar enfriar.

Cascar los huevos y colocarlos en un bol. Batirlos  con unas varillas, añadir el azúcar y seguir batiendo  hasta que el azúcar se disuelva y los huevos espumen. Añadir el aceite, la mistela y la ralladura de limón y seguir batiendo un par de minutos más para que se integren bien.

Juntar la harina y la levadura química y añadir a la mezcla de huevos. Trabajar a mano o con amasadora entre 5- 8 minutos, hasta que veamos que la harina se ha integrado completamente. La masa será algo pegajosa pero, con el reposo que le daremos, nos permitirá poderla trabajar sin problemas.

Dejamos reposar la masa dentro del bol, tapado con un paño o un film, alrededor de dos horas.

Pasado este tiempo,  podrás manipular la masa sin problemas. La sacamos del bol, y vamos cortando porciones lo más iguales posibles, con las que haremos bolas. Yo las he pesado, para que tengáis una referencia y cada porción tenía un peso aproximado de 40 gr.  Si tenéis rasqueta, podéis cortar tiras y, de cada tira, cortar trozos de una tamaño similar. Una vez cortados todos los trozos, hacer las bolitas e ir colocando sobre la encimera. No es necesario engrasar la encimera. He sacado unas 28 bolas.

Colocar el aceite en un cazo o sartén  honda y poner a fuego más bien fuerte. Cuando vayamos a empezar a freír, bajar a fuego medio.

Introducir un dedo en el medio de la bola, colocada en la encimera, para hacer el agujero. Levanta el rosquillo e introduce un dedo de cada mano, y ve girándolo para que se agrande, hasta que podamos introducir en el agujero tres o cuatro dedos.

Con la parte no cortante de un cuchillo, iremos marcando  el rosquillo todo alrededor, como si quisiéramos dividir el círculo en dos, pero sin llegar a romperlo.

Echaremos en la sartén con el aceite caliente, dejando que se dore por un lado, daremos la vuelta y dorar por la otra cara. Cuando se haya dorado por ambos lados, sacar y dejar en un plato cubierto con una servilleta de papel, para que escurra el aceite.

Vamos abriendo y marcando el resto de los rosquillos y friendo en la sartén. Al echarlo en la sartén con el aceite, el rosquillo flotará y se hinchará.

En un plato hondo, colocar el azúcar junto con la canela molida y mezclar hasta que la canela quede bien integrada con el azúcar.

Ir pasando los rosquillos fritos por la mezcla de azúcar y canela, y una vez cubierto ir depositándolos en otra fuente o plato.

Seguir pasando el resto de los rosquillos hasta terminar con todos, si la mezcla de azúcar no fuese suficiente, ir añadiendo poco a poco más cantidad.

Una vez fríos, conservar, si se tiene, en una caja metálica de las de galletas, en una olla, o en una fuente grande cubierta, para evitar que se resequen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 comentarios

  1. Marga dice:

    Dentro de un rato probaré un rosquillo de mi amiga Feli. Para empezar el día nos deleito con una maravillosa torrija, en su punto de almíbar, jugosa, tierna…
    Gracias Feli!!

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