Tarta red velvet

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Hoy es el cumpleaños de mi hijo Diego. Como siempre se dice ¡hay que ver como pasa el tiempo! parece que fue ayer, pero es que, realmente es cierto. Es el momento de la melancolía, de los recuerdos y de las emociones. Noche de San Juan de hace 22 años, 4,020 gr., 56 cm ,  largo y delgado, unos ojos grandes y un cabreo del tres al cuarto. Salió con un estado de excitación tremendo, un berrinche impresionante y sin dejar de arañarse la cara. El gorro que les ponen en la cabeza cuando nacen no conseguimos mantenérselo puesto, finalmente nos dijeron que lo dejásemos por imposible.  Así fueron sus primeras dos horas de vida, lo primero que le dije a Jesús fue: “¡Madre mía, nos vamos a enterar!,  pero me equivoqué, al rato de subirnos a la habitación, se calmó, y a partir de ahí, como si no hubiera niño.

He tenido la enorme suerte, de que ha sido  un niño que apenas se ha puesto enfermo,  lo dejabas en la cuna y se dormía, y se ha entretenido solo un montón.  En el colegio, trabajador y buen estudiante, y una adolescencia sin conflictos ni enfrentamientos, ya con eso , podría darme por contenta, pero además, me siento enormemente satisfecha de como es. Los que lo ven por primera vez, dicen que es un tío muy serio, sin embargo es una persona sociable y muy cariñosa.

No suelo alardear públicamente sobre lo maravilloso o no de mis hijos, pero hoy quizás, porque es el primer año que no vamos a estar juntos físicamente, me apetece hablar de lo orgullosa que me siento de ser su madre.  Me gusta su carácter, tiene grandes habilidades sociales, una gran capacidad de comunicación, y buenas dotes organizativas y de grupo, que le salen de forma innata.

De pequeño, los niños eran su debilidad, no podía resistirse si veía un crío con el que poder jugar,  acercarse a él, era superior a sus fuerzas. Cuando lo íbamos a llevar a la guardería (con un año), no sé si le comimos mucho el tarro, pero cuando fuimos a visitarla, para que él la viera, nada más abrir la puerta, salió corriendo hacia dentro,   en busca de amigos.

También recuerdo el primer día de colegio, en infantil, al ir a buscarle, a la salida, como los chicos de los últimos cursos, al verlo, le llamaban y decían “Diego, venga vente con nosotros a jugar”. ¡Sorprendente!

Habiendo niños con los que jugar, se olvidaba de todo lo demás, ahora eso sí, en verano, cuando se acaba el cole y los teníamos que llevar a Alcázar con  con los abuelos, la tarde del viernes, en cuanto llegábamos, lo único que le importaba era estar conmigo, no decía nada, ni que nos había echado de menos, ni se ponía tontito, pero no se separaba de mí, ya hubiera miles de niños a nuestro alrededor.

Le llamaba mi osito de peluche, porque sin mediar palabra, te buscaba y se ponía encima de mí, para que le acariciara. Era serio, pero muy tierno.

Estas y otras tantas historias, son las que año a año recordamos, siempre que decimos hoy hace x años…

Hoy a sus 22 años, le sigo viendo trabajar con ahínco en sus estudios, escuchar sus proyectos de futuro con ilusión, organizarse y moverse con soltura y madurez, y además y sobre todo, nos deja ver que nos quiere sin condición, y nos permite ser parte activa de su vida  y sus proyectos. No lo dice con palabras, pero lo demuestra con sus hechos. Sin duda, este es el sentimiento de una madre, que se siente orgullosa y dichosa de su hijo. Seguramente, no lo repetiré en muchas ocasiones, pero hoy queda dicho públicamente

Cuando escribo esto, os podéis imaginar, que el teclado rebosa de mis babas, y alguna lagrimilla se me escapa, porque me emociona pensar en él, y aunque esto es un blog de cocina, y pueda leerlo gente ajena, esta pensando para que en un momento determinado, ellos, mis hijos, tengan acceso a una parte de mí y de mis recetas.

Y ya me dejo de ñoñeria, y  vamos con la receta, que como es evidente está dedicada a mi hijo Diego.

Esta tarta la hice el año pasado por primera vez, también para su cumpleaños. Le gustó tanto, que este año decidí repetir. Además, el año pasado, el colorante que empleé, no dió unos buenos resultados, y aunque la tarta, estaba rica, quedo con un tono marrón que no me gustó. Este año, la he repetido en dos ocasiones, por una cuestión de tamaño, la primera que disfrutó con sus compañeros, creo que la dejé un poco seca, porque se me fue el tiempo en el horno, la segunda, que es la que está dedicada a él, ha salido muy rica y jugosa, pero se me ha ido un poco la mano con el colorante, y ha quedado un poco más granate que roja, así que habrá que seguir buscando el equilibrio.

La música, es su gran afición, y sería a lo que realmente le gustaría dedicarse, por eso quería que el adorno de la tarta, tuviera alguna simbología musical,  y esto fue lo que pude encontrar. Es feliz cuando toca, y mi mayor satisfacción  sería que pudiera dedicarse a eso, si es  lo que desea. ¡Ojalá la vida le sonría y lo consiga!.

Y ya, vamos con la receta

 

Ingredientes

175 gr de mantequilla

340 gr de azúcar

140 gr de huevo ( 3 huevos pequeños o 2 xl)

350 gr de harina

20 gr de cacao

300 gr de buttermilk

7 gr de levadura (1 cucharita)

7 gr de bicarbonato sódico (1 cucharita)

7 gr de vinagre (1 cucharita)

7 gr de vainilla (1 cucharita)

Una pizca de sal

2 cucharas de colorante rojo en pasta (Sugarflair)

Frosting de queso:

200 gr de mantequilla

400 gr de queso crema

200 gr de azúcar glass

Buttermilk:

El buttermilk es un producto lácteo, que se obtiene de extraer la mantequilla fermentada. Es habitual en los supermercados americanos, y se utiliza mucho en repostería y bollería, ya que mejora el sabor y esponjosidad de la elaboración realizada. Como aquí en España, no es fácil de encontrar, hay un sustitutivo que se elabora en casa y que es fácil de realizar. Para la cantidad empleada en esta receta, se necesita

300 gr de leche semidesnatada o desnatada

20 ml de zumo de limón (unas dos cucharadas)

Pon en una taza o bol la leche, añade el zumo de limón y remueve con una cuchara. Pasado unos diez minutos, volver a remover. El aspecto que ofrecerá será como de leche cortada. Ya está listo para usar.

Elaboración:

Preparar y pesar los ingredientes y tener a temperatura ambiente.

Tamizar la harina, el cacao, la levadura, el bicarbonato y la sal. Reservar

Mezclar el buttermilk con el colorante, la vainilla, el vinagre. Reservar

Batir la mantequilla junto con el azúcar con unas varillas, durante unos cinco minutos aprox. hasta conseguir una mezcla esponjosa y blanquecina.

Añadir los huevos de uno en uno, no añadir el siguiente hasta que el anterior, no se haya integrado completamente.

Añadir un tercio de los ingredientes secos (harina, cacao..)

Añadir la mitad de los líquidos

Los ingredientes secos se añaden en tres veces y los líquidos en dos.

Envolver con suavidad la mezcla, sin batir en exceso.

Una vez bien mezclado, colocar la masa en el molde, o en los moldes, intentando en este último caso, poner la misma cantidad en cada uno de ellos. Yo he pesado el bol antes de poner los ingredientes y mezclar, y al final con toda la masa. La diferencia la he dividido entre tres, los moldes que iba a emplear, y asi saber la cantidad que tenía que poner en cada uno de ellos.

Hornear durante unos 25- 30 minutos. Si utilizamos un solo molde, habrá que dejarlo más tiempo, calculo que unos 45-50 minutos, dependerá de cada horno.

Comprobar con un palillo si están cocidos y sacar del horno.

Dejar reposar los moldes sobre una rejilla durante unos 15 minutos.

Desmoldar y dejar enfriar completamente.

Es mejor, reservar los bizcochos para rellenar la tarta para el día siguiente. Para ello, una vez fríos, envolved en papel film, y dejar en el figorífico.

Para preparar la crema de queso:

Sacar la mantequilla un rato antes del frigo, para que se atempere.

Batir con unas varillas la mantequilla con el azúcar glass durante unos tres minutos aproximadamante, hasta que blanquee

Añadir la crema de queso y batir hasta que esté bien incorporada.

Colocar en una manga o en un bol y dejar refrigerar al menos unas horas, o dejarla hasta el día siguiente, como los bizcochos.

Al día siguiente, preparar el plato dónde vamos a servir la tarta, forrando los bordes con papel de aluminio, para no mancharlo cuando pongamos la crema

Sacar los bizcochos, y desenvolver del film. Si es necesario nivelar los bizcochos, cortar con un cuchillo de sierra  para que todos tengan la misma altura y se ajusten lo más posible.

Colocar una buena parte de crema sobre el primer bizcocho y extender por todo el círculo

Colocar el segundo bizcocho, y extender otra parte de crema sobre él

Colocar el último bizcocho y cubrir toda la tarta y los laterales con una fina capa de crema. Estos nos servirá para fijar las migas y no se nos levanten cuando pongamos el resto de la crema. Dejar en el frigorífico durante un rato para que la crema se enfríe.

Cubrir con el resto de la crema, aplicando una capa más gruesa y extender igualando lo más posible.

Si se quiere, colocar la crema en una manga pastelera y adornar como guste.

 

Notas:

La medida del bizcocho lo ha condicionado la medida de la oblea que tenía para adornarla.Y como no tenía tres moldes de ese tamaño, he empleado 3 aros, uno de ellos ajustables. Para hacer la base, he empleado papel de horno, que he ajustado a los aros, haciendo pliegues en el papel todo alrededor del molde, solo se necesita algo más de tiempo, y un poco de paciencia

Para estas proporciones, también se puede emplear un solo molde, con unas medidas mayores, creo que un molde de 24 cm estaría bien, o también utilizar  moldes de aluminio desechables. Yo decidí hacerlo en tres bizcochos separados, para no tener que cortar luego el bizcocho en capas, pero aunque han salido bastante similares de tamaño, he tenido que igualar un poco, aunque podría haberlo evitado, porque tampoco lo mejoré mucho más.

Si se utiliza un solo molde, para cortar las capas, utilizar un cuchillo grande, e ir cortando el bizcocho con mucha calma, a la vez que lo vamos girando. Se puede marcar con unos palillos, para que nos sirva de guía y nos desviarnos.

Y ya solo me queda decir ¡¡¡Muchas felicidades, cumpleañero!!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

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